viernes, 29 de octubre de 2010

Chau, sevemo.

viernes, 20 de agosto de 2010

K-MEN


Con Vuelvenéstor, Cristorm y el Arcángel Aníbal.

Disponible en DVD sólo para socios con carnet peronista.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Nuevo himno












Oid gorilas, el grito sagrado:
¡Néstor K! ¡Néstor K! ¡Néstor K!
Oid el ruido que hacen las encuestas,
En el trono ved al nuevo Perón,
Ya su esposa, dignísima gobierna
Lo mejor de este ispa del sud
Y los negros del pueblo responden
¡Al pingüino argentino, salú!

Somos cuarenta por ciento,
Los que lo vamo a votar,
Gobernados por Néstor vivamos,
O juremos, gorilas matar.

lunes, 2 de agosto de 2010

Carta abierta al Sr. Hugo Biolcati

Cuando me senté en las gradas de la Sociedad Rural Argentina (SRA) a escuchar su discurso inaugural de la 124 Exposición, tenía otras expectativas. Pero usted, señor Biolcati, me defraudó. Yo esperaba una cerrada defensa de principios progresistas, una catarata de conceptos favorables al modelo gubernamental, una ininterrumpida suma de elogios a los logros kirchneristas: la asignación familiar, el aumento a los jubilados, las cifra récord de reservas, etc. Pero no, para mi asombro escuché como usted embistió contra la política en materia de retenciones, como se posicionó del lado de los que quieren sacar las facultades delegadas al Ejecutivo, como resaltó su connivencia con sectores retrógrados que avalaron dictaduras. Observé, horrorizado, como coqueteaba con De Narváez, Macri, Duhalde. Sepa usted, señor Biolcati, que estas actitudes lo alejan del campo nacional y popular, en un camino sin retorno. Esto lo ubica en la vereda de enfrente, con sus consecuencias. ¿Quiere vivir del lado de los privilegiados? ¿Se siente bien con los que ostentan el poder económico? Pues bien, es su derecho. Pero luego no se queje si, desde los sectores humildes, le volteamos la cara ante su presencia. La indiferencia es nuestro fuerte, pero si no nos respetan, deberán tenernos miedo, entonces. Desde ya le aviso que estoy realmente ofuscado con su proceder y no tardará en recibir, de mi parte, un mail con conceptos durísimos, donde prevalecerán las palabras escritas en mayúsculas y alguna que otra carita enojada.
Quizás no lo sepa, o tal vez sí y no le importa, pero su postura, lejos de enaltecerlo, le procura un resentimiento en los sectores postergados y evidencia que su discurso le hace el juego a la derecha.
Atentamente

Adenoz

martes, 22 de junio de 2010

Ser Peronista

Nos llegó, anónimamente, a la redacción de FPV un texto de Emmanuel Rosktij, filósofo y estilista rosarino. En la creencia de que fue su propio autor el que ofició de mensajero, decidimos publicarlo por esclarecedor y porque no había demasiado material. El siguiente escrito es parte del libro “Soy peroncho, ¿y?”, Rosario, Topus Editores, 2004.

En el año 1988, integraba, representando a la seccional Villa Constitución, el equipo asesor de Paritarias en la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). Eramos un grupo heterogéneo (en cuanto ideologías) que nos reuníamos una vez por semana en Buenos Aires junto a representantes de segunda línea de la patronal para elaborar un método de evaluación de tareas. Entre los nuestros estábamos los de la nueva generación junto a exponentes de la Vieja Guardia. Y había recelos, claro que sí. Es que éramos los “zurditos” para los dinosaurios, aunque siempre los debates se mantuvieron dentro de un armónico desarrollo. Entre los “dinos” estaba Julio, representante de una seccional del conurbano bonaerense, quien era de pocas palabras. De bigotazos y peinado con raya al costado, con sus ojos aindiados era la estampa del “taita” del acero. Inescrutable, no nos hacíamos esperanzas en cuanto a su intelecto.
En esos días se estaba por votar en la interna justicialista y los candidatos eran Antonio Cafiero y Carlos Menem. El Turco no tenía chance, a priori, pero contaba con adeptos. La charla entre el grupo “obrero”, en la sede de la UOM, derivó en las predicciones de cada uno. De uno u otro lado, las preferencias ubicaban a Cafiero como ganador. Cuando le tocó el turno de opinar a Julio, se acomodó en su asiento, carraspeó y sentenció: “No me vengan con boludeces. A mi no me importa quien gane, me da igual cualquiera de los dos compañeros. Cuando sean las elecciones nacionales voy a votar la boleta donde esté el escudito, como hice siempre”. Y se calló.
Me sorprendió por partida doble. Primero, porque al fin le escuché decir más de tres palabras. Y segundo, por la lucidez. Este la tenía reclara. Era de los peronistas que sostienen al partido, que apuntalan cualquier proyecto, que dan la vida por el circunstancial conductor del movimiento. Era de temer.
Tiempo después nos enteramos de que había jugado sus fichas a favor de Menem, quien, de punto, resultó banca. También supimos que fue él quien nos escrachó frente al mísmisimo Lorenzo Miguel. Era amigo y confidente del “Loro” y estaba para vigilar a los “zurditos” de las Paritarias. Cuando supo de que pasábamos como gastos de estadía lo que nos cobraban las putas, no dudó en mandarnos al frente. El secretario del Tesorero del gremio, quien nos guardaba simpatía, nos salvó bajo el argumento de: “las chicas no hacen facturas”.

-¿Qué pasa, don Ignacio?
-Dicen que somos bolches.

-¿Bolches? ¿Cómo bolches? Pero si yo siempre fui peronista…, nunca me metí en política.


Este diálogo lo recrea Osvaldo Soriano en su novela “No habrá más penas ni olvidos”, entre el jefe comunal (Ignacio) y el empleado municipal (Mateo), acusado de comunista.
Mateo es apolítico, nada de partidos, él es peronista. Una forma de vida, un sentimiento, una marca para el resto de la existencia. Como si pertenecer a un partido fuera de lo peor. A Mateo no deberían haberlo querido meter preso por bolche, sino por pelotudo, por mediocre, por tibio. Pero el tipo no entiende eso, es conservador en su negación, aunque ignora que su postura tiene mucho de política. Porque peronistas como él hay muchos, demasiados. Son capaces de mutar sin miramientos al gorilismo interno sin que se les mueva un pelo del orto.
Si Julio era de temer, éstos son temerarios.
Ojo.

Sevemo.

domingo, 13 de junio de 2010

FPV Tour (a loTato)

Llegué temprano a la Casa Rosada, donde no tuve problemas en pasar la guardia. Un granadero de gran altura se me acercó, me hizo la venia y me saludó:
- Ade...
- Teniente...
Le tendí la mano y me la estrechó. Cuando nos soltamos, cien mangos quedaron en su diestra.
Enfilé rápidamente hacia mi objetivo, cuando advertí que, por un pasillo semioscuro, se acercaba una luz brillante. Pensé en la leyenda urbana del fantasma del presidente derrocado que vaga por la Casa de gobierno. Pero no, era la diputada Elisa Carrió quien, con su tostado excesivo, parecía que hubiera desayunado plutonio. Venía exultante y con un gorrito arlequín con los colores de la selección.
- Vamo’, vamo’, sargentinaaa! Vamo’, vamo’, saganarrr!
- Lilita! –la atajé.
- Qué decís, lindo?
Observé que llevaba un libro en su mano izquierda y le dije:
- Siempre con la biblia a mano, no?
Me sonrió y me guiñó un ojo.
- Naaa, son la Profecías de Nostradamus. Es que me estoy quedando sin repertorio. Pero te digo, Argentina clasifica primera en su grupo y gana el primer partido de la segunda ronda contra México.
“Estamos al horno”, pensé. Es que Lilita tiene una puntería para los pronósticos...
- Qué anda haciendo? –quise saber.
- Lo voy a ver a Cobos.
- Pero no es para el otro lado su despacho?
- Nooo, lo trasladaron. Vení, acompañame.
Llegamos a un sucucho donde había algunos artículos de limpieza desparramados y, en el fondo, estaba el vicepresidente tirándole dardos a una foto de Ricardo Alfonsín. Lilita le chistó y, cuando Cobos se dio vuelta, la diputada empezó a bailar como si hubiera convertido un triple en la NBA, señalándolo y diciendo: “En tu cara! In your face!”.
Don Julio se encogía de hombros y hacía gestos de “quemimporta”. Cuando se aburrió, la Carrió se fue saltando como un pollo liberado del spiedo. Aproveché para preguntarle al vice como andaba.
- Todo bien, Ade. Yo no perdí –se atajó-. Sigo en carrera.
Cuando notó que observaba el lugar donde estaba, me explicó:
- Todo mal conmigo, acá en la Rosada. No me terminan el despacho y me aplican el frío. No tengo banda ancha y, si tuviera, no me serviría porque no tengo compu. Pero no podrán conmigo! Aunque no me garpen el abono del celu... A propósito, tenés crédito?
- Ehhh... si, no, no sé... Creo.
- Prestame un toque para hacer una llamada .
Se lo di.
- Hola? Bar? Si, Cleto... Mandame un cortado chico y una medialuna... No, que el pibe diga que es para otro, sino no lo dejan pasar. Y también trae... Uy, se cortó.
- Se quedó sin crédito –dije fastidiado.
- Y bueno, peor yo que ni en la cafetería de la Rosada me dan bola.
Cuando fue a desclavar los dardos, aproveché para irme y encaré para mi verdadero objetivo: la oficina del Jefe de Gabinete.
Cuando me dejaron entrar lo hallé a Aníbal Fernández enfrascado en su notebook, resoplando y leyendo en voz alta:
- Así que “Bigote puto, explicá lo de Skanka”? Ahora vas a ver: Anónimo cagón de las 11:05, por qué no me chupás la p...?
- Aníbal! –grité horrorizado.
Al mirarme, me llamó la atención dos cosas: tenía puesta una remera negra, que se percibía como bastante chica para su cuerpo, con un logo impreso de un hombrecito con un clarín sodomizándolo y en su cara, ojeras profundas denotaban una actividad nocturna continua. Se lo hice notar y me contó:
- Sabés que pasa, Ade? Estoy reenganchadísimo con esto de los blogs y me la paso visitando lugares hasta muy tarde. Es que si yo no... Uy, otra vez este guacho. Me tiene loco. Aguantame que lo puteo y seguimos.
Se sonrió maliciosamente, se acarició los mostachos y me preguntó el motivo de mi visita.
- Ehh... venía porque hace dos meses que no me llega la transferencia por andar por los blogs anti-k y usted me dijo que...
- Si, ya sé, pero no te preocupés que no me olvidé de lo tuy... Hijo de puta! No me puede poner eso!
Y se puso a teclear desenfrenadamente.
- Aníbal... este... Con respecto a lo mío...
- Si si, después te lo arreglo... Andá tranquilo que... Pero que turro!! Te voy a bloquear, descerebrado!
Me di cuenta que no tenía más nada que hacer ahí y resolví jugar una última carta.
Cuando llegué al despacho de la presidenta, justo salía Néstor Kirchner acomodándose el saco. Por la puerta entreabierta vi a Cristina que se arreglaba el pelo con las manos, por lo que deduje una “apretada” en los instantes anteriores. El ex presidente me saludó efusivamente.
- Qué hacé, nene? En qué andás?
- Vine a verlo a Aníbal por una guita bloguera.
- Uy, ojo que el Bigote es medio turro.
- Bueno, por eso, quería ver si Cristi...
- A ver... Cris! Mirá quien vino! Fijate si le podés dar una mano.
- Gracias, ehhh... Cómo le digo? Presidente? Diputado? Presi de Unasur?
- Decime Néstor, cachorro, jeje. Chau, cuidate.
Cristina estaba hablando por teléfono con la Quinta de Olivos.
- Si, Etelvina. Decile a tu marido que limpie la parrilla que esta noche el señor quiere comer carne de cerdo. Si, parece que hoy me toca, je.
Cortó y me dijo:
-El Flaco anda reexcitado en estos días, desde que le dijeron que subió en las encuestas. Qué andás necesitando, queri...? Disculpá, me suena el celu... Si? Ah, hola! Felicitaciones!.. Eh? Que se yo... Para mí jugó bien... Dejalo contra Corea, no lo quemés... Eso... Bien... Besito.
Me miró sonriendo.
- El Diego. Me llama todos los días, un divino.
- Que bueno. Ehh... bien, el motivo de mi visita es que lo fui a ver a Aníbal por una plata que no me llegó y...
- Pero, yo que tengo que ver? Arreglalo con él o Flopi.
- Flopi?
- Randazzo, querido.
- Pero usted, presi...
Me miró seria.
- Denta. Digo, no podría...?
Su mirada ya apuntaba a un lugar indeterminado en el cielorraso. Era hora de irme.

Medio decepcionado, crucé Plaza de Mayo pensando en como iba a hacer para conseguir guita, cuando escuché que me llamaban. Era el “Mamut” Ordóñez, un barrabrava de Quilmes, quien estaba en un puestito vendiendo banderitas argentinas y demás artículos.
- Mamut! Te hacía en Sudáfrica.
- Estoy en eso, Ade. Ahora que deportaron a los jefes, los de segunda línea vamos a insistir. Por eso estoy tratando de hacerme unos mangos. Mirá, me trajeron algunas boludeces que se chorearon en el aeropuerto de Pretoria. Me comprás algo, papá?
Dudé.
- Es que ando sin un mango...
- Y qué drama hay? Me pagás después del Mundial. Tomá, llevate este muñequito de Mandela.
- Y... Cuánto sale?
- Para vos, precio de amigo: $ 120.
- Ehh?
- Y... claro, campión, somos peronistas o no somos peronistas?
- Y... si, somos.
Y la puta madre.

domingo, 6 de junio de 2010

Sobre “pechos fríos”, “sin aliento” y gorilas

En mayo de 1987, Rosario Central se adjudicó el campeonato de Primera División de AFA y Newell’s Old Boys terminó segundo a un punto. Jorge Solari, director técnico de Newell’s dijo a los medios: “Ñuls hizo un campañón. Este equipo es como ese hijo rico que tiene de todo, juguetes, un yate, pero que todavía le falta algo. Aquí falta el campeonato, pero estoy seguro que Ñuls lo va a lograr. No fue hoy, será mañana o pasado, pero lo va a lograr. A este plantel joven no se le puede pedir más. A los que si hay que pedirles más es a los de la hinchada. Son unos pechos fríos. Si ellos hubieran cambiado, en lugar de venir a insultar, como hoy, cuando nos estamos jugando un campeonato, Ñuls hubiese sido campeón.”

En el 2001, luego del partido jugado en Rosario por las semifinales de la Copa Libertadores de América, donde Rosario Central quedó eliminado por el Cruz Azul, de México, su técnico en ese momento, Edgardo Bauza, declaró: Faltó el aliento indispensable en los 90 minutos, para meterle presión al rival. Un fenómeno que no es nuevo y que merecería más un análisis sociológico que el mío. No sé que es lo que pasa. No sé si a la gente le embarga el miedo a perder y permanece callada los 90 minutos.”

Listo, se terminaba la era de “canallas” y “leprosos”.
De ahora en más los primeros serían “Sin aliento” (o simplemente “Sina”) y los últimos quedarían etiquetados como “Pechos fríos” o “Pechos”, en una verdadera síntesis futbolera. Por más que los hinchas de cada equipo se desgañiten en cada partido hasta enronquecer, sus acérrimos rivales le endilgarán el calificativo desvalorizador para quienes no cumplen con sus obligaciones como simpatizantes. Hasta que un nuevo apodo se imponga, cargarán con esa mochila ignominiosa que los perturba y los hace montar en cólera ante su emisión.

El término “gorilas” se hizo popular en 1955 a raíz de su utilización en un popular programa cómico radial de la época llamado “La Revista Dislocada”, conducido por Délfor Dicásolo.
Según la versión de Carlos Ulanovsky:
“La Revista Dislocada se transmitía por radio dos veces por semana, con una gran audiencia con libretos de Délfor Dicásolo y Aldo Cammarota. Cuando los rumores arreciaban y se controlaba cada gesto, cada movimiento, tuvo un hallazgo: lanzó la palabra 'gorila', que se incorporó para siempre, aquí y en el extranjero, como sinónimo de hombre político, militar o civil, conspirador y reaccionario. Una y cien veces Délfor tuvo que explicar que todo había sido una casualidad sin intención política. En ese momento se había estenado la película Mogambo, con Clark Gable y Ava Gardner, que transcurría en la selva. Como el filme había tenido mucha repercusión, en la audición lo parodiaron. El público creyó escuchar en lo que decía uno de los personajes de La dislocada (‘Deben ser lo' gorila', deben ser’) una alusión a lo que por entonces circulaba con sigilo: un movimiento subterráneo de tropas para derrocar a Perón".

Pues bien, listo, el antiperonista es gorila. Es el que está en contra de todo lo que le huela a populismo; el que cataloga de “peronchos” a los compañeros; el que, dentro del movimiento, tira para otro lado; el que le hace el juego a la derecha. Fíjense que a los enemigos de Menem no se les decía gorilas, porque el tipo comulgaba con los referentes del neoliberalismo, con los parásitos que hacían negocios con el Estado de entonces: los gorilas estaban en el gobierno!
Pero ahora, ¿se puede decir que es así? ¿se puede siquiera intentar deslizar la sospecha de que los K le hacen el juego a la derecha? No, señor, toda la oposición se enrola en un acercamiento a la diestra del electorado. El kirchnerismo queda del otro lado, en la vereda de enfrente. Y desde ahí miramos a los opositores, a los defensores de medidas antipopulares y autoritarias, a los que obstruyen al gobierno, a los que reivindican a los represores y sus servidores económicos... En fin, a los que no piensan como nosotros.
Y no voy a andar con vueltas. No quiero que se gobierne para esa gente. Si pueden ganar las elecciones, que hagan la suya. Por ahora que lo vean por LCD.
Pero asúmanse, tomen conciencia, anímense a salir del closet político: son gorilas. Hasta que un nuevo apodo se imponga, cargarán con esa mochila ignominiosa que los perturba y los hace montar en cólera ante su emisión.
Gorilas.

Carta de un gorila a otro
Perdón, gorila mío, si te digo
que ganas de escribirte, no he tenido.
No sé si es el gobierno,
no sé si estoy crispado,
o el tiempo que los Kirchner
ya han estado.

Lo cierto es que las encuestas me deprimen
y al bizco ya lo miran con cariño.
Si no es por estos bloggers
que insultan calentitos,
sería más amargo todavía...

A ti te irá mejor, espero,
pudiendo reprimir a obreros.
Aunque el gobernador, según me cuentas,
te obligue a trabajar más de la cuenta.

Los Kirchner tienen su rareza,
se meten con nuestras riquezas.
Así reparten libremente
y dejan satisfecha a más gente.

Muchos argentos,
lo están pensando,
votar a Néstor...
¡Viene ganando!


Sevemo.